Rendido por la larga jornada diurna de viaje y la espera nocturna para el
embarque, caigo redondo en la butaca
antes de zarpar. A las tres horas, mientras el Mar de Irlanda mece con
suavidad el ferry, el sol atraviesa la cristalera y me da en la cara. Diviso tierra.
Estamos aproximándonos al puerto de Douglas y nos indican que bajemos a
por nuestros vehículos. La bodega huele como debe oler un barco mercante, a
salitre, grasa y pintura. Olor familiar para mí. Atracamos. Suelto la cincha
que sujeta a la Mille. Le acaricio el tanque y me subo en ella.
Cuando el marinero me indica que salga me entra un escalofrío, a pesar de tener
el corazón ardiendo. Me pongo en marcha. El sol me da en la cara y lágrimas de
emoción brotan bajo el casco. He cumplido uno de mis grandes sueños...
¡ESTOY EN ISLA DE MAN!
Es difícil expresar como me sentía mientras me dirigía al camping. No me
lo podía creer. No había visto nada aún pero ya me sentía especial por estar
allí. La sensación que uno tiene cuando cumple un viejo sueño es increíblemente
mágica. Esto no era un viaje más, una experiencia más. Era cerrar por fin un
círculo que se había abierto hacía muchos años, más de media vida. Llegar allí
con mi vieja amiga, esa superbike que un día también soñé tener,
después de diez años juntos, era algo que me desbordaba. Los que hayáis
conseguido algo largamente anhelado sabréis que no exagero.
Eran las seis de la mañana y físicamente estaba fundido, pero tenía las pilas
del corazón tan cargadas que era imposible plantearse descansar nada. Había
decidido que mi estancia en Man sería en camping. Eran diez días y con un viaje
tan largo entre manos no podía permitirme un hotel. Al llegar al TT Camping comprobé que era de los
primeros en llegar, no en vano era el primer día de entrenamientos. Monté la
tienda y tras explorar un poco las
instalaciones me fui a comprar cerveza y algunas provisiones.
Por si a alguno os pudiera interesar, ya os adelanto que esta zona de acampada está bastante bien. Está muy cerca del Grandstand, a unos siete u ocho minutos andando. En realidad es un campo de fútbol que habilitan como camping para el Tourist Trophy. Instalan una gran carpa con mesas y sillas para que puedas comer y resguardarte del frío y la lluvia. Los vestuarios tienen el agua de las duchas caliente, algo importante como veréis más adelante. A mí me costó 48£ seis noches. A eso hay que sumarle 20£ más por alquilar una consigna con enchufe, porque los que hay en los vestuarios los desconectan, tenedlo en cuenta porque no lo ponen en la web. De todas formas no está de más, yo la usé para guardar y cargar portátil y cámaras.
Con todo ya instalado me dirigí al Grandstand.
Emocionado por el ambiente que se respiraba, comencé a deambular por ese paddock en el que parece que has
retrocedido en el tiempo, donde hay buen rollo, compañerismo, épica,
romanticismo... y muy pocas estrellas, pero muchas bolas de acero. Me crucé con Michael Dunlop, Ryan
Farquhar y Michael Rutter, leyendas vivas del TT, que estaban a su
aire de aquí para allá. Empezaba a flipar con esa atmósfera tan AUTÉNTICA.
Llevaba unas horas en la isla pero ya sentía que ese era mi sitio.
Aquí no hay VIP Village. El aficionado puede pasear y observar desde dentro
como trastean las motos en los
distintos boxes, incluso algunos te invitaran a entrar si te ven con alguna
baba colgando. Es un lujazo. Nada que ver con un Gran Premio o una
carrera de Superbikes. Esto es la esencia de las carreras, el origen de todo.
Sin contaminar. Uno sabe que ya nada será igual después de asistir a un TT.
No es que te deje el listón alto, es que te cambiará la vida, y cuando vayas a
un GP será como ir a los recreativos con los amigos. Porque en Isla de Man
son tan importantes los pilotos como los aficionados que se congregan para
disfrutar de las carreras. Allí sientes que formas parte de algo grande y
maravilloso. Algo especial, mágico y único en el mundo.
Al ser el primer día muchos estaban
simplemente descargando las motos y poniendo en orden el chiringuito. Los entrenamientos de esa tarde estaban reservados a
los newcomers (novatos), los sidecars y las lightweights. Las motos más grandotas
no verían la pista hasta el lunes, excepto los nuevos. Entre todos ellos
sobresalía el australiano Josh Brookes, compañero de Guy Martin
en el Tyco Suzuki. Viéndole después en pista cualquiera diría que era su primer
Tourist Trophy. Pero esa es otra historia. Por más que estaba disfrutando cotilleando por los boxes de los intocables del Mountain Course,
no acababa de encontrar el de un apasionado que conocí en una prueba del CAV
2010, en el Circuito de Almería.
Pero por allí andaba, en una carpa
bastante más modesta que las que acababa de ver, pero plagada de ilusión y
pasión. Antonio Maeso, TT rider,
estaba ultimando algunos detalles en la lightweight
con la que se estrenaría esa tarde. Además de saludarle pasé una hora allí con
los miembros de su equipo, el Oh
Carallo Racing Team, todos pata
negra y a los que hoy en día considero amigos. Confieso que en esos
momentos también me hacía ilusión volver a hablar español después de una semana
maltratando el idioma de Shakespeare. Me costó irme, pero no era plan de
hacerles perder más tiempo con mi cara de flipado
cada vez que me contaban alguna anécdota. Por cierto, la pequeña bicilíndrica
rompió el motor esa tarde y no permitió que Antonio completase su primera vuelta
del año al trazado de la montaña.
El día era magnífico. Soleado y
caluroso. Y cada vez se veía más gente y más motos. Me entraron ganas de
ponerme en movimiento y formar parte del ambientillo.
Pero antes de irme a dar una vuelta por Douglas y sus alrededores me paré un
buen rato en la carpa oficial de ropa y recuerdos del TT…
Os lo advierto. Si pensáis ir a un Tourist
Trophy, además de reservar dinero para cerveza, hacedlo también para todo
el merchandising que os querréis
llevar a casa. Porque lo querréis todo. Y merece la pena. Las prendas son de
calidad y molan mucho, ¡qué coño!
Anda que no vacilo nada con mi chaquetón con el logo del TT en la espalda y la bandera
de Ellan Vannin en el brazo. Y
con el gorro. Y con la gorra. Y con las camisetas. Y la Mille con sus nuevas pegatinas. Os volveréis locos. Todavía me
pregunto cómo no se me reventaron las alforjas en el camino de vuelta. Eso sí
que es un Expediente X.
Douglas tiene unas casas y un paseo
marítimo frente a su bahía realmente bonitas. Es un lugar con clase. Allí donde
empieza y termina el trayecto de los tranvías está la Terminus Tavern. En su terraza, me tomé una pinta que me sentó
como hacía tiempo que no me sentaba una cerveza. Miraba al cielo y a la mar,
pensando en que los seres queridos que ya no estaban me miraban sonrientes
viéndome tan feliz. Nunca olvidaré mi primer día en Man. Intenso y
emocionante por muchos motivos. Y es que la vida es tan corta que no podemos
dejar de intentar cumplir nuestros sueños cada día. Uno se siente tan, tan
lleno al realizarlos…
Una vez aparqué la moto y, sí, dejé
mis primeras compras en la tienda, me fui a ver los entrenos. Dos minutos es lo
que tardé en llegar a The Nook.
No es una zona rápida pero mola ver
cómo cambian de posición los copilotos de los sidecares. Los primeros motores
que oía y veía en acción en el TT. Que gustazo. Ese día me acosté pronto, estaba
muy cansado. Pero la sonrisa de tonto
que tenía no se me quitó ni con el frío que pasé esa noche. Porque sí, por
mucho sol que luzca por el día, las noches en la isla son frías, mucho. Mi
consejo: no hagáis como yo y dejéis en casa ese polar y esa camiseta térmica
porque “total, es junio, tanto frío no
hará”. Los cojones que no.
El TTour en Nostromoción:
· I) Comenzando a soñar.
· II) Inglaterra & Escocia.
· III) Escocia.
· IV) Escocia & Inglaterra.
···
· VI) Tourist Trophy. Isla de Man (II).
· VII) Tourist Trophy. Isla de Man (III).
· VIII) Tourist Trophy. Isla de Man (IV).
· IX) Tourist Trophy. Isla de Man (V).
· X) Tourist Trophy. Isla de Man (VI).
· VI) Tourist Trophy. Isla de Man (II).
· VII) Tourist Trophy. Isla de Man (III).
· VIII) Tourist Trophy. Isla de Man (IV).
· IX) Tourist Trophy. Isla de Man (V).
· X) Tourist Trophy. Isla de Man (VI).
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