Primera rotonda. Al loro. Es el
consejo que me habían dado todos los amiguetes que ya habían estado por aquí,
tener especial cuidado y acordarse de mirar a la derecha en las rotondas. OK. Pasados
unos kilómetros te acostumbras a conducir al
revés, no es para tanto. Supongo que en coche debe ser más raro por eso de
estar con el volante a la izquierda, o por lo de cambiar de marchas con la
zurda si pillas un coche de alquiler. En moto te haces rápido a ello. El GPS
también te lo recuerda, además de chivarte todo. Es cojonudo, cualquiera que me
siguiese creería que conocía la zona. Le empecé a coger el gustillo. Pero eso
sí, reconozco que si sólo te fijas en él sin tener claras las carreteras por
las que tienes que ir, te vuelves un poco gilipollas… no te quedas con la copla de por dónde pasas. Lo suyo es
combinarlo con un mapa de los de toda la vida.
