Mientras saboreaba una cerveza en mi
buhardilla, charlando con los amigos
de la red, no dejaba de pensar en la
preciosa Trossachs Trail que había conocido esa tarde. Un verdadero
gustazo para los sentidos rodar por allí. Al día siguiente comenzaría mi camino
hacia Heysham, donde por fin embarcaría hacia Isla de Man. Aún me
quedaban unas horas por disfrutar de Alba
(así la llaman en gaélico), pero ya había decidido incluirla en mi particular
lista de lugares que me han enriquecido el alma. Estaba completamente enamorado
del país y de su gente. Amables, siempre contestando al zumbao de la moto con una sincera sonrisa. Vamos, que me quedé
dormido soñando que iba en la Mille
con una falda… y una gaita cogida con pulpos
en el colín.
