Mi séptimo día en Man amaneció soleado. Iba a ser un día largo, con
muchas cosas que hacer, incluida una mudanza. Es por ello que madrugué y fui
uno de los primeros achicharrados del
camping en vestirme la cordura y poner rumbo a La Montaña. Procurando no
pasarme ni una milla del límite de velocidad, en Sulby vi cómo le ponían
una receta a otro motard. “Estos cabrones también madrugan”, pensé. Al día siguiente
comenzaba la semana de carreras y estaba claro que habían incrementado la
plantilla de policías escondidos con sus magnums
tras las esquinas. Podía verse el símbolo de la libra en sus ojos… Al llegar a May
Hill de nuevo me encontré el tramo cerrado. Después de casi cuarenta
minutos de espera decidí irme. Allí dejé a muchos carbonillas que acababan de desembarcar, aún con los bártulos
cogidos con pulpos al colín, con la mirada tensa, fumando, deseando sentirse
TT riders.
