lunes, 10 de diciembre de 2012

Milleando por Galicia [I]


Cuando uno lleva una gran temporada jodido, parece que las cosas no van a mejorar nunca. Por desgracia esta vida es una hija de puta cruel, que te golpea muy duro cuando menos te lo esperas. Golpes que te dejan K.O., que te sumen en la mayor de las tristezas. Pero cuando, pasado un tiempo, aprendes a vivir encajándolos, te das cuenta de que hay que seguir adelante e intentar disfrutar cada pequeño detalle que te ofrece esta única vida que tenemos. Es un deber con los que ya no pueden. Es un deber contigo mismo. Viajar unos días en solitario con mi moto, ha hecho que por fin pueda volver a poner en práctica está teoría. Y no sé si la magia de las tierras gallegas ha sido la culpable, pero nunca olvidaré que en ellas, comencé a remontar el vuelo.
 

 
Allá por 1997 (en los tiempos de mi querida GPZ) adquirí una guía, con un título tan poco original como concreto: 32 Rutas Excitantes En Moto (Ollero & Ramos Editores). Antes de salir de casa me propuse hacer algunas de sus rutas, las carreteras seguirían ahí, y si en esa época eran recomendadas por poco transitadas y la belleza de sus paisajes, hoy en día debía seguir siendo así. Y acerté. La primera de las rutas recomendadas que hice fue la de Verín a Pontevedra por carreteras nacionales y comarcales. Carreteras que hicieron que mi sonrisa bajo el casco llegase de tornillo a tornillo de visera.



Fue un alivio salir de la autovía al ver la salida a Verín. A dos kilómetros se encontraba uno de mis primeros objetivos, el Castillo de Monterrei. Se trata de una fortaleza del siglo XII (el castillo data del año 950), de diferentes estilos, muy bien conservada y declarada Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural. Está en una colina desde la que se divisa todo el valle. Destaca entre todo el conjunto la imponente Torre del Homenaje (siglo XV), de bloques de granito y veintidós metros de altura, la Torre de las Damas y la Iglesia de Santa María de Gracia (ambas del siglo XIII). No pude visitarlo por dentro, pero seguro que merece la pena y se aprende algo de la mucha historia que guarda entre sus piedras. Decir que un poquito más abajo del castillo está el Parador Nacional de Verín, que como todos los Paradores, tiene una pinta cojonuda. Aunque no para mi cartera.



De nuevo en la senda pongo dirección a Xinzo de Limia. En esta primera parte de la ruta, y sin tener en cuenta el Alto de Estivadas, el paisaje aún parece castellano, con llanuras plagadas de cultivos de cereales y grandes huertos, con casas dispersadas a ambos lados de la vía. Una vez en Xinzo de Limia cogemos la carretera OU531 dirección Celanova, a unos treinta kilómetros, que pasada esta nos lleva a Cortegada, a otra treintena. Estos sesenta kilómetros, y especialmente el tramo entre estas dos últimas poblaciones, hacen que me enamore hasta las trancas de las carreteras gallegas. ¡Y acabo de llegar! Según voy enlazando curvas voy gritando “yihas” al más puro estilo Dennis Noyes. De verdad, flipando.




En Cortegada hice una parada para beber una 0,0 y asimilar el cóctel de buen firme, curvas y paisaje que me acababa de tomar. Allí tomé la carretera PO406 hacia A Cañiza. Otro tramo precioso en el que te encuentras de lleno con el río Miño. Para coger el siguiente tramo, la comarcal PO255, andaba un poco despistado, así que, en A Cañiza paré a preguntar a un hombre que estaba llenando garrafas de agua en una fuente. Mi primer contacto con los nativos de la zona, y vaya contacto. El buen hombre me dio tantas indicaciones y consejos de los sitios que no debía perderme, no sólo de Galicia, sino de Asturias y Cantabria, que cuando después de quince minutos de interminable charla arranqué la moto, se me habían olvidado. Mi disco duro había petado. Todos esos futuros momentos se perdieron en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Era hora de partir…



Pero, joder, que tío más majo. Estaba realmente emocionado por la simpatía y las ganas de ayudar de ese hombre. Como pude, llegué a la carreterilla que debía llevarme a Ponte Caldelas. Y digo carreterilla porque aquí cambiaba la cosa. Se volvió estrecha, revirada y bacheada, pero eso sí, rodeada de un paisaje increíble. Y al igual que la calzada también me cambió la meteorología. Se oscureció y comenzó a llover. Ya me extrañaba que aún no lo hubiese hecho. En esas estaba, pensando si parar a ponerme el mono de agua o no, cuando me di cuenta que me había quedado sin embrague. Y ahí estaba yo, pensando en cómo era tan gilipollas de no haber revisado el nivel del líquido, cuando la moto me entró en reserva. Carretera perdida. Ni de coña habría una gasolinera por ahí. En fin, mojado, sin embrague y casi sin gasolina, tenía pinta de que iba a ganar el premio a Pardillo del Año.



Como agobiarse no sirve de nada, ahí estaba yo, descojonándome bajo el casco ante la perspectiva de tener que llamar a una grúa en mi primer día de viaje. Supongo que será por eso que dejó de llover. Paré en la cuneta y comprobé que realmente el problema del embrague era que el depósito del líquido estaba seco. , esto está chupao. Arranqué de nuevo y tranquilito, en segunda y tercera, llegué a Ponte Caldelas. En la primera gasolinera que encontré se acabaron mis problemas. Y encima, otra vez doy con gente cojonuda. El tío que trabaja en la gasolinera, me recomienda un hostal, no sin antes llamar a dos más para preguntar precio y si tenían garaje para la moto. Que gustazo encontrarse con gente tan maja. Gracias.



Por fin llego al campamento base. Según me comentó el amiguete de la gasolinera, un antiguo puticlub reconvertido a típico hostal de carretera, a diez kilómetros de Pontevedra. Perfecto. Prácticamente todo nuevo, buen precio, desayuno incluido y garaje para la moto. Lo primero que hice fue arreglar el embrague. Un buen rato purgando y líquido nuevo, lo dejaron suave como la mantequilla. Después de una ducha me bajé al bar. El día había sido una pasada. Por la mañana milleando por Sanabria y por la tarde mi entrada a Galicia. Estaba empezando a creerme que de verdad estos días eran sólo para mí, mi espíritu comenzaba a sonreír. Y lo celebré. En todo el día sólo había tomado un café y un par de bebidas isotónicas (no me gusta comer al viajar en la moto), así que el hambre que gastaba el bicho era cosa seria. Me pedí un filete de ternera con acompañamiento completo. Y joder si era completo. El filetón resultó estar debajo de dos huevos, bacon, filetes de lomo, una salchicha, una hamburguesa, dos filetes de pollo y patatas… Lo que viene siendo un homenaje al colesterol en toda regla. No sé si la borrachera era más por la comida o por las seis o siete Estrellas Galicias. Un auténtico estado comatoso de lo más placentero. Era hora de dormir.



Al despertarme, me asomé a la terraza y un sol resplandeciente me dio los buenos días. Decidí al instante que aprovecharía ese día para irme de ruta y quedarme otra noche más allí. Tras el desayuno me puse en marcha. No tardé mucho en llegar a la capital de provincia, Pontevedra. Estuve una hora paseando por algunas de sus calles y a lo largo de la ría, y a pesar de no meterme en el casco histórico (mal hecho), me fui con la sensación de haber estado en un sitio con encanto. Y sobre todo, con la convicción de volver y dedicarle más tiempo. Bonita ciudad.



De Pontevedra me fui a Vigo por la carretera nacional. Aparqué en una gran alameda y me fui hacia el puerto, el salitre me llamaba. El concepto es el concepto, y la ciudad natal de Manuel Manquiña, es la de mayor población de Galicia. Su puerto es uno de los más importantes del mundo, y a nivel pesquero es el que más toneladas mueve. Después de dar un paseo por el puerto deportivo y cotillear un poco por la zona de las lonjas, me fui al Casco Vello. Y ahí confirmé que me iban a faltar días, muchos días, para disfrutar plenamente de estas tierras. No obstante, no importaba. Al igual que en la anterior parada, hacía mucho tiempo que no estaba tan seguro de que iba a volver a un sitio. Galicia Calidade.



En Nostromoción:
   · I) Milleando por Sanabria.
   ···
   · III) Milleando por Galicia [II].
   · IV) Milleando por Galicia [y III].
   · V) Milleando por Asturias.
   · VI) Milleando por Cantabria.
 

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